La dislipidemia es una enfermedad relacionada a estilos de vida ((como una dieta rica en grasas saturadas, la inactividad física o el sobrepeso), por herencia genética, por causa de otras enfermedades o por una combinación de estos factores.
Puede producir ateroesclerosis, que da lugar a angina de pecho, infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y arteriopatía periférica.
El aumento de los lípidos, en particular del colesterol LDL, aumenta ligeramente a medida que la persona va envejeciendo.
El riesgo de padecer ateroesclerosis aumenta según los niveles de colesterol total. La ateroesclerosis afecta a las arterias que irrigan sangre al corazón (lo que provoca arteriopatía coronaria), al cerebro (lo que da lugar a enfermedad cerebrovascular) y al resto del organismo (lo que resulta en arteriopatía periférica). Por lo tanto, tener una concentración alta de colesterol total también es un factor de riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular.
Colesterol total deseable: Menos de 200 mg/dL
Colesterol HDL
Colesterol LDL
Lipoproteína a Lp(a)
Lipoproteína similar a LDL con apolipoproteína(a); principalmente determinada genéticamente y asociada de forma independiente con riesgo aterosclerótico y valvulopatía aórtica.
Medir si: antecedente personal o familiar de enfermedad cardiovascular prematura, hipercolesterolemia familiar, ASCVD inexplicable, alto riesgo residual a pesar de terapias, o sospecha de riesgo hereditario.
Triglicéridos
La actividad regular tiene efectos beneficiosos sobre los niveles de colesterol. Esos efectos pueden ser más significativos dependiendo del volumen e intensidad del ejercicio:
Para personas con movilidad reducida: aumentar la actividad física tanto como sea posible, progresando en el entrenamiento (primero con frecuencia cardíaca de 150 menos la edad y progresar hasta llegar a frecuencia cardíaca de 180 menos la edad). El ejercicio debe atender los grupos musculares grandes, pudiéndose incorporar sesiones en circuito a intensidad moderada.
Importante incluir diferentes tipos de ejercicio en la semana entre aeróbicos, de fuerza y resistencia, 150 a 300 minutos a la semana a con intensidad moderada.
Los alimentos también son un factor protector para el manejo de la dislipidemia, hacer ajustes en los hábitos de alimentación, reduciendo el consumo de grasas saturadas, grasas trans, con el fin de mejorar los niveles del colesterol LDL en sangre, por lo que aquí te dejamos unas recomendaciones básicas para que tengas presente en tu alimentación diaria:
Sin embargo, no todas las grasas son desfavorables. Las grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas ayudan a la salud cardiovascular, como por ejemplo los alimentos con contenido de omega 3 y omega 9.
Otro aspecto para tener en cuenta dentro de la alimentación es el contenido de azucares (añadida en alimentos y bebidas), harinas refinadas (productos de panadería, cereales procesados), y el exceso de harinas (papa, yuca, plátano, arroz, pastas) en la dieta, aumentando el nivel de triglicéridos en sangre.
Así mismo, la fibra dietaría ayuda a la reducción de la absorción del colesterol, a través de alimentos como salvado de trigo, avena, fríjoles, guisantes, arroz integral, cebada, vegetales y frutas frescas, cítricos, fresas y pulpa de manzana, frutos secos, quinua, alimentos integrales.
Las mujeres a partir de la menopausia presentan mayor elevación de los lípidos en sangre, relacionado a los cambios hormonales por la disminución de estrógenos.
Así como también tener en cuenta que son las mujeres quienes presentan más enfermedades del corazón.
Los espacios naturales están relacionados a bienestar, como entornos para favorecer la relajación y alejarse también de factores medio ambientales contaminantes.
Los beneficios de la naturaleza sobre el metabolismo lipídico podrían explicarse por varios mecanismos: